
Era muy gracioso cuando te solía decir “quédate ahí” “no te muevas” y solo me quedaba viéndote, a veces al despertar o al final del día, cuando esperábamos el metro abrazados y tú barbilla tocaba mi frente, cuando comíamos o simplemente cuando sonreías. La primera vez que lo hice te quedaste congelado, pensado en que te daría un beso, elevaste los labios y yo solo los miré riendo, después te fuiste acostumbrando a mi raro modo de verte, de quedarme perpleja frente a ti; a menudo preguntabas por qué lo hacía, y para ser sincera ni yo sé la respuesta, supongo que habemos personas a las cuales nos encanta grabar los momentos en los que somos felices, en los cuales la vida nos ha puesto en el lugar más perfecto, solemos verlo tan detenidamente para no olvidar cada detalle, cada gesto, cada rostro, cada latido o pestañeo, a fin de cuentas el punto de mi mirada era poder explicarte cuánta magia me hacías sentir cuando estaba a tu lado, y como nunca olvidaría que se sentía , tocarte, besarte, tenerte, y buscarte aún cuando tus ojos estaban cerrados.