MAMÁ

Nunca ha sido fácil escribirte, a ti especialmente, uno por qué hay muchas cosas que decirte y dos porque apenas a la mitad ya tengo lágrimas en los ojos. Mamá, Rosario, Chayito, tía, mamá de vale, amor, quien te conoce no me dejará mentir al decir que tienes una esencia como ninguna otra, un sazón con los sándwiches como nadie, una risa diabólica magnífica, un poder para dominar a mi padre como ninguna mujer en el mundo (aunque el diga que no), demasiado inteligente y dedicada a su trabajo, eres una mujer de pasos muy grandes, aquella que me ha dado un ejemplo como mujer. Te admiro tanto madre, por qué haz sabido luchar con todo y contra todos, tanto bueno como malo, dedicaste tiempo para ti, encontraste al amor de tu vida, recorriste el mundo, disfrutaste, fuiste el orgullo de tus padres, tienes la lucha diaria con aquello que no te deja usar zapatos cerrados, entre mil cosas más. Te amo tanto, que quiero verte todos los días de mi vida pintándote las uñas en la cocina, escuchar por siempre como te fue en zumba esa mañana, ver cómo gritas de una forma espantosa cuando te acuerdas de algo sin importancia, o ver cómo abres y cierras cada cinco minutos el refri para darle un trago a tu refresco y dejarlo ahí de nuevo en lugar de sacarlo y servirlo, y aún que me enoje que seas tan indecisa siempre quiero estar a tu lado para ayudarte a tomar una decisión final. Te amo mamá, gracias por contestar a las 4:30 a.m. aún que morías de sueño, por siempre animarme y alentarme a dar lo mejor de mi, a mentar madres cuando me rompieron en corazón, y a sentir tan fuerte tu amor incluso cuando estamos tan lejos.